viernes, 3 de junio de 2011

RSC: la teoría convertida en práctica en el caso XUL

Hace unos años (no muchos, cierto es), cuando estaba acabando la carrera, estaba apasionada con el tema de la responsabilidad corporativa. Por aquel entonces en élogos estábamos empezando con el proyecto de RSC tanto a nivel interno como externo y tuve la suerte de estar en el germen (creo que es una suerte que me está acompañando en mi vida laboral y por la que doy gracias: no paro de aprender cosas) y de poder aprender muchísimo junto al resto de las personas que construimos (y que hoy siguen construyendo) aquello. Me interesó tanto que mi proyecto de fin de carrera se dirigió hacia la implantación de un plan de RSC en PYMES. Confesaré, con distancia, que el proyecto estaba un poco cojo, aunque tenía ideas que posteriormente me han servido al menos para regalar a otra gente metida en la misma aventura.

Ayer me resultó curioso que una de mis nuevas compañeras me preguntase por el tema. Sólo han pasado unos pocos años pero parece que todo lo que estaba por venir llegó (en menor medida de lo que se esperaba, eso sí). La acción social fagocitó la idea de empresa responsable, y sólo una idea bastante más publicitaria que real de ecología le hizo sombra. La dimensión interna de la RSC quedó excluida, mirando desde un rincón a la legislación laboral, que tampoco fue necesariamente a mejor, o reservada para lo que se sigue llamando "una empresa tipo Google".

Supongo que es sobre todo por mi carácter, pero personalmente me parecía mucho más relevante la dimensión interna. Lo que yo entiendo por responsabilidad tiene mucho que ver (aquí llega mi yo-pedante) con una idea kantiana de lo que debería ser la ética. Y eso se demuestra más bien con la gente de tu entorno que con la gente que te saluda desde lejos: más con tus empleados que con tus clientes.

En estos años mi pasión por la RSC ha ido decayendo, en parte por un cierto cinismo que no me ha quedado más remedio que desarrollar como respuesta al cinismo que mostraban, también, el resto de los actores implicados. No señalaré: ya sabéis que no me gusta. Pero busquen "empresas responsables" aleatoriamente y mírenlas de cerca. No creo que haya muchas que salgan bien paradas.

Y sin embargo, en las últimas semanas he encontrado casos reales para volver a creer en la RSC. Mi propia empresa, en la que nos pasamos ayer la tarde analizando la cultura y los valores corporativos y tuve la satisfacción de comprobar que estoy en un entorno que cumple lo que promete: que sabe cómo quiere ser, que ya es así en gran medida, y que está dispuesto a modificar lo necesario para mantener unos valores que no sólo recitamos sino ejemplificamos, todos nosotros, con nuestro comportamiento diario. Y el caso de XUL, que me parece incluso más valioso en tanto que hay que tener mucho más valor para reinventarse que para inventarse a secas.

Después de doce años de experiencia, han concluido que pueden hacerlo mejor. Así que han emprendido un proceso de "Cambio y tuits": "Es un proceso participativo de gestión del cambio en XUL en el que durante una semana vamos a trabajar de forma participativa y abierta todos los miembros de XUL junto a amigos, clientes y colaboradores en la definición de varios aspectos clave de nuestra empresa."

Por una vez, y espero que sea sólo el principio, una empresa que se atreve a hablar de principios activos y de centrarse en las personas, ha decidido poner a sus personas a elegir activamente cómo quieren que sea la empresa que componen. No sólo es original, no sólo es interesante. Es fundamental, es necesario.

Y es inmensamente práctico.

La semana pasada publicaban en El País un artículo titulado "Más felices, más productivos" y, llegados a este punto, no deja de sorprenderme que siga haciendo falta publicar semejantes cosas. Es evidente. ¿Qué vamos a hacer con más ganas, con menos prisas, con más creatividad, que aquello que nos hace felices? [Quizás distraernos. Pero procrastinar es parte integrante del proceso creativo]. Las personas más felices, las que trabajan en grupo, las que tienen margen para cometer errores, son mucho más creativas y obtienen mejores resultados, y más rápido. ¿Una muestra? Si han estado en el proceso de reestructuración de cultura corporativa de alguna empresa sabrán que normalmente lleva meses elegir las prioridades, los valores, los comportamientos, el reflejo que todos estos elementos tendrán sobre la estrategia...

En XUL, en cuatro días "maratonianos", han pedido a sus empleados que trabajen juntos (y junto a otros colectivos clave) para definir cómo quieren a su empresa. Han trabajado todos juntos y uno de los días se han dividido en equipos de trabajo, cada uno de los cuales se ha centrado en un tema o área funcional. Dedicando tiempo a aprender, a descubrir (herramientas, procesos...), a debatir y a reflexionar, han definido:
  • Sus valores corporativos. Que, créanme: funcionan mejor cuando se trata de encontrarlos entre todos que de imponerlos a una plantilla que no encaja con ellos. Así que estoy segura de que XUL cumplirá con las ideas de implicación, responsabilidad, compromiso y creatividad (por la persona que conozco y que ya trabaja allí, no puedo tener la menor duda). Y no soy la única: en la entrada del blog en la que desarrollan la misión, visión y valores, alguien ha dejado el mejor comentario que se puede hacer: "Leer estas lineas es como ver al equipo de Xul, avanti tutta!"
  • Su estrategia de marca. A grandes rasgos, claro: siempre hay tiempo para seguir desarrollando una estrategia. 
  • Su estrategia de servicios. ¿Por qué las empresas no hacen partícipes a sus empleados de estos procesos de decisión? ¿Y si supieran hacer algo con una gran proyección de mercado pero no tuvieran canales para decirlo? ¿Y si la empresa se obsesiona en realizar un servicio con el equipo equivocado?
  • Toda una serie de conclusiones, en fin, que explican mejor ellos en esta otra entrada de presentación de resultados
En el proceso, han involucrado a personas que no conocían la empresa, y han seguido la maratón por Twitter y Facebook. A clientes, que comentan y hacen preguntas desde la página en Facebook. A los empleados, "tan motivados que han desarrollado un lema". 

Participación. Formación. Diálogo. Si alguien sigue creyendo que todas esas cosas, por intangibles, no son "rentables", quizás es mejor que cambie de planeta. Por su bien. 

lunes, 16 de mayo de 2011

¿American Psycho 2.0? Klout no perdona

Bueno, pues a estas alturas hay algo que creo que sabemos todos: Blogger ha tenido la semana pasada la peor caída de su historia. Está siendo una primavera tonta, la de este 2011. Primero, la caída de Amazon generando dudas sobre el cloud computing, y ahora 2 días sin Blogger.

Yo me he incorporado a un nuevo trabajo el pasado martes, y mi llegada a las oficinas de París para el plan de acogida ha coincidido precisamente con un problema con nuestro proveedor de Internet que ha tenido sin conexión a todos los equipos fijos (la WiFi, afortundamente, iba). Trabajo en una empresa de juegos online. Imaginen. Absolutamente nada que hacer. Es un sitio donde "trabajar en local" es una expresión con muy poco sentido. Eso es fabuloso, claro está. Permite que el producto se actualice enseguida, que tengas agilidad para introducir cambios, que te comuniques con la comunidad de jugadores en tiempo virtual. Pero, claro, genera nuevas dependencias.

No pasa nada. Antes, cuando se iba la luz tampoco se podía trabajar (y además, en según qué edificios, era incluso algo siniestro). La caída de Amazon fue bastante seria, sí, pero incluso después de unos días sin Hootsuite se pudo vivir. Y, honestamente, no creo que esto implique que hay más problemas de seguridad que cuando se trabaja sobre servidores propios. Pero en fin. Para gustos los colores. Y toda tecnología necesita a sus apocalípticos, supongo.

El caso es que se cae Blogger y mi TL de Twitter se vuelve loca. Y yo, que últimamente actualizo a finales de semana, directamente doy por perdida mi actualización semanal. Honestamente, tampoco pasa nada. ¿Seguro?

Porque en cualquier presentación sobre SEO te advierten de las penalizaciones que un blog recibe por parte de los buscadores cuando se deja de actualizar. Y debo confesar que pensaba que era un mito pero mi posicionamiento en Google, que me había parecido muy rápido, cayó en picado durante una racha de mucho trabajo a mediados de abril. Y supongo que ahora andará igual. Desaparecido en torno a la quinta página de resultados, que es como no existir.

A finales de abril, también, modificaron el algoritmo de Klout para hacerlo más exigente; y ahora penaliza a aquellos usuarios que tenemos una mala semana y no podemos andar mucho por estos lares. Por si alguien no lo conoce, Klout es una herramienta de medición de la influencia online que aunque está en beta se define con el ambicioso claim "The standard for influence", nada menos. Es una herramienta interesante, la verdad, y además tiene el mismo punto a su favor que le veo a Foursquare: si me das una lista de chapas-trofeos-logros-álbumdecromos para coleccionar, es probable que me acabe enganchando. Me parece algo práctico para complementar las estadísticas de Facebook, que son regulares, la verdad. Y es una herramienta muy intuitiva para ver qué tal funciona tu cuenta de Twitter. Si no digo que no.

Digo que cuando alguien viene con su Klout por bandera, da miedo. ¿Han visto, o leído, American Psycho? ¿Recuerdan esa famosa escena con las tarjetas de visita? A mí me pone los pelos de punta.


Así que, en realidad, siendo sincera, no tengo problema alguno con Klout. Tengo un problema con que Klout aparezca junto a mi nombre en mi perfil de Twitter, es decir, tengo un problema con la integración de Klout en clientes como Hootsuite, y tengo un problema muy serio con el concepto de la tarjeta de visita. Y es que, ya lo dije, de cuando en cuando me sale un punto rancio en el que hecho de menos la vida antes de que todo fuese monitorizable. Todos sabemos, o intuimos, al menos, quién es más influyente que nosotros. No hay necesidad, creo yo, de que a la hora de agregar a alguien me lo coloquen numéricamente en una escala que, además, no me parece realista (otra cosa es que sí me parece interesante su clasificación en tipos de usuarios, que te coloca en diferentes cuadrantes de una matriz en función del tipo de interacciones). Es como el número de followers: mientras la gente siga a otros sin ningún criterio, ¿qué información me da a mí la gente que te sigue?

Puede que tengas un número muy reducido de seguidores, muy selectos. Y que esos no se pierdan ni uno solo de tus tweets. Puede que tengas un montón de seguidores que prácticamente no leen: sólo publican su propio contenido, y siguen a todo el que les sigue. Puede que consigas muchos RT a costa de lo que en IRC se llamaba floodear, no sé si en Twitter tiene un nombre: programar tus publicaciones para colapsar las pantallas de tus seguidores y que todo lo que vean, a cualquier hora, sea tuyo. Pues bien, eso te hará popular. Pero inaguantable.

Honestamente, me gusta saber cuánta gente disfruta con lo que leo, no cuantos me hacen un #ff para ver si se lo devuelvo. Me gusta saber a cuánta gente le resulta interesante el contenido que comparto. Me gusta reconocer a los demás esa capacidad de compartir o crear buen contenido; no necesito que me lo agradezcan públicamente. Nunca he hecho un RT buscando que me mencionen. Dios me libre.

Probablemente me lo esté montando fatal, y de hecho Klout ya me está castigando. Pero, ¿saben qué? Una de las cosas más bonitas que aprendí en el #8DíaC es que hay gente que en su tarjeta de visita tiene puesto "Ser Humano". Yo, de momento, me contento con ser groupie, sin más cargo que ese. Me da la sensación de que mientras agregue a la gente que me divierte y no a la que me conviene, mientras vaya a los sitios a ver y no a dejarme ver, escriba sobre lo que me interese y cuando mi maravilloso trabajo nuevo me lo permita, seguiré disfrutando de lo que hago. Y sin disfrutar, no se comunica, señores, créanme.

sábado, 7 de mayo de 2011

Y tú, ¿qué querías ser de mayor?

Ayer por la tarde estuve dando una pequeña charla sobre cómo usar Internet de forma más prudente a una clase de niños de 11 años, por petición de una profesora del máster. Es una de esas cosas que parece mucho más sencilla cuando la piensas que cuando te pones a hacerla. ¿De qué hablarles a quienes conocerán como la palma de su mano una "parte" de Internet por la que yo me muevo poco? La verdad es que temía bastante que lo que a mi profesora le parece un conocimiento experto a ellos les pareciera pura charlatanería (ejercicio práctico de qué ocurre cuando no superas la prueba de la madre). Finalmente, me apañé bastante bien y conseguimos hablar de todo lo bueno y lo malo de la red, sin dramatismos ni exageraciones ni por uno ni por el otro lado: Internet como fuente de información contrastable con profesores y padres, disfrutar de los juegos on-line pero procurar hacerlo jugando con otros y sin dejar de jugar a otras cosas, acceder a contenidos culturales de forma legal y evitando el malware, tratar a los demás con respeto evitando y denunciando el ciberbullying y el bullying a secas, y cómo comunicarse con gente de forma sensata: no hables con extraños, v. 2.0. Divertido.

El caso es que cuando mi profesora me presentó me sentí extrañamente traidora. La verdad es que tengo la suerte de tener una profesión y estar a punto de empezar en un puesto que son muy atrayentes para personas de esta edad, pero, en realidad, ¿dónde creía yo que iba a estar cuando tenía 11 años? Ya me pasó mientras preparaba la presentación y me preguntaba qué me interesaba a mí con 11 años (independientemente de que, claro, no lo hiciera en Internet). ¿Quería ser quien soy cuando fuese mayor?

Con 5 años quería ser pintora y vivir en París o Nueva York. Actualmente tengo vínculos fuertes con ambas ciudades, pero me temo que he tenido que asimilar mi incapacidad total para la expresión plástica. Aun así, sigo pensando en dibujar las fotos que no puedo hacer.

Cupcakes de Reyes Magos y Hello Kitty como estrella invitada
Con 6 años quería ser pastelera. Iba a tener una tienda que se llamaría El ratoncito Pérez y comería dulces todo el rato. Y, bueno, no tengo una tienda, pero después de muchos años de independencia me he reconciliado con la cocina gracias al impulso de Ruth, de Apetit'Oh!, que hasta me enseñó a hacer cupcakes estas navidades. Poco a poco, cocinar, y en cuanto que me termine de reconciliar con mi horno especialmente la repostería, se ha convertido en una válvula de escape.

Con 7 años quería ser escritora. Tanto es así, que hasta decidí qué iba a estudiar. Había un concurso de redacción de Barbie en el que tenías que presentar tu vocación. Yo dibujé a una Barbie sentada en su máquina de escribir y hablaba de estudiar Filosofía y Letras, leer mucho, pensar mucho y escribir novelas para niños. A día de hoy, aunque acumule polvo en el cajón, al menos puedo decir que tuve constancia suficiente para acabar mi novela juvenil y que incluso disfruto releyéndola y sintiéndome como si tuviera 15 años.

Con la adolescencia, mis vocaciones fluctuaban permanentemente. Quería ser periodista, pero un suceso trágico muy cercano y muy mal tratado por la prensa me hizo tomar una distancia con ellos que se convirtió en auténtica manía (afortunadamente me he ido calmando con el tiempo...). Soñé con ser hacker pero me sentía cobarde para dedicarme a semejante cosa. Me encantaba la bioquímica, y quise ser farmacéutica, pero la física se me atragantaba todo el rato y mi profesor de estadística de bachillerato me llamaba, directamente, chicadeletras, así que supongo que no tenía mucho futuro por esa vía. Pensé en estudiar Historia del Arte, aunque creo que es la vocación más breve que he tenido en mi vida (y ya es decir). Quise hacer Publicidad, pero leí 11,99 €, de Beigbeder, y me dio un miedo atroz quedarme sin principios. Pensé en estudiar Sociología, pero irme a estudiar a Granada sencillamente no era una opción. Llegué a decir en una charla de orientación que quería ser "actriz, o escritora; y si no, camarera. Para tener tiempo de escribir y actuar por las mañanas", provocando una preocupación considerable en mi entorno con ese alarde de bohemia.

Un vecino me invitó a actuar en su corto y concluí que era eso lo que quería hacer. Empecé Comunicación Audiovisual. Rodé algunos cortos y escribí bastantes más. Pero no cuajó.

¿Y ahora?

Ahora terminé siendo publicista, y ya no temo por mis principios. No pude ser socióloga, así que hice un máster y en "mis ratos libres" hago una tesis en sociología, como si semejante cosa pudiera ser un hobby. Hace años que no hago ni un amago de actuar, pero escribo todos los días; para mí, o para otros. Y nunca aprendí a colarme por agujeros de seguridad, pero me encanta toquetear los códigos fuente de las páginas. Afortunadamente, porque cada vez parece que va más unido lo de comunicar y programar (ya decía mi padre que la programación era un idioma...). El resto de mis vocaciones se han convertido en intereses personales; y, paradoja, una de mis aficiones se está convirtiendo, parece ser, en profesión.

Casi no puedo esperar a que sea oficial para compartirlo con todo el mundo porque estoy segura de que es el trabajo más bonito que he tenido en mi vida, y me parece que es lo que he querido hacer desde que empecé a considerar a Douglas Coupland entre mis escritores favoritos, pero ni siquiera ha aparecido en esta lista.

Ayer, alguno de los niños dijo que de mayor quería dedicarse a la Publicidad. Me encantaría preguntarle qué ha sido de él dentro de quince años.

¿Vosotros supisteis alguna vez que estaríais donde estáis?

martes, 3 de mayo de 2011

Maximizar el tiempo

Si algo tiene de buena la cultura actual es la capacidad de hacer de su esquizofrenia virtud y dejar un hueco para todo tipo de contradicciones. Una de ellas es la que no para de marcarnos formas contradictorias de relacionarnos con el tiempo.

Me resulta preocupante que el lema de las bebidas energéticas ya no sea el de exprimir la noche sino el espacio de trabajo. El lanzamiento en España de V - Energy Drink (no exento de polémica: incluso en Actuable hay una petición para que se retire una de las piezas de la campaña por considerar que crea estereotipos negativos de los trabajadores de L'Hospitalet) va asociado a rendir más durante la jornada como parte del proyecto de disponer de horarios razonables.

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Lo cierto es que en España tradicionalmente tenemos horarios más extensos, y la supuesta mejora que iban a introducir las tecnologías como herramientas para mejorar la productividad y facilitar la conciliación parece que ha ido más bien en la dirección contraria, como se analizaba en un artículo de Yorokobu del pasado mes de marzo, en el que se preguntaba por las nuevas formas de trabajo OAH (Open All Hours) y la necesidad de establecer barreras a estos con sistemas de OOOR (Out Of Office Repliers). Si nos movemos hacia profesiones directamente relacionadas con el mundo online como la requetetratada de community management, entonces el OAH parece no ya una exigencia, sino parte del sentido común.

Y, en paralelo, Flex tiene en marcha su maravillosa campaña de 40 días en la cama por un mundo Slow (Sra. Rushmore), nominada a los TheFWA (hoy son el site del día). De hecho, el lanzamiento del proyecto me gustó tantísimo que quería haberlo utilizado de excusa para informarme sobre el movimiento Slow. Una colega y buena amiga con la que siempre me gusta estar de acuerdo se me adelantó, así que os invito a que le echéis un ojo a la reflexión que hacía en su blog Sara Domínguez Martín sobre el tema.

Por mi parte, me quedo, como también me gusta hacer, con las preguntas. ¿Es razonable que tengamos que recurrir al café, esa droga mayoritaria del XX, o a las bebidas energéticas que quieren ser su equivalente en el XXI, para cumplir con nuestros horarios de trabajo? ¿Es razonable que nos sintamos culpables cuando le explicamos a un cliente que no trabajamos un fin de semana y que por tanto no tenemos tiempo de cumplir con un deadline imprevisto y con unas mínimas exigencias de calidad? ¿Es razonable que tengamos que seguir forzándonos a dormir seis horas diarias? ¿Es razonable que tengamos que ser aún más productivos para alcanzar un horario "europeo" considerando las tasas de paro actuales? ¿No sería mejor establecer primero el horario razonable, crear más puestos de trabajo y, de paso, permitir que el nivel adquisitivo general suba lo suficiente como para reactivar nuestras economías basadas en los servicios y otros productos que no son de primera necesidad?

No soy quién para aconsejar en este sentido, porque la verdad es que cuando no me meto en cien cosas no me siento yo misma, y cuando no trabajo un fin de semana acaba siendo porque estoy en un congreso sobre otro tema, y cuando termina el día me apetece aprender algo y no sólo ver una buena película. Pero creo que deberíamos obligarnos todos un poco a apagar esa adicción a lo urgente y dedicarnos a disfrutar el tiempo, y, por qué no, a perderlo. Para variar.

lunes, 25 de abril de 2011

Videojuegos: ¿placer culpable u oportunidad de negocio?

Durante un tiempo, me pareció que los adultescentes estaban en todas partes; debo confesar que me equivocaba rotundamente. Como habían llegado desaparecieron. Quizá nunca estuvieron allí (no masivamente), y sólo me llamaba la atención que se pudiera leer en positivo un fenómeno que socialmente me preocupa (¿los treintañeros no quieren crecer o no tienen cómo crecer?).

El caso es que dentro de ese estereotipo del treintañero postadolescente, de estética seudogrunge, con una curiosa relación con el trabajo que ahora se ha vuelto mayoritaria (apasionados de su sector, teletrabajadores, tecnófilos, etc.) también se incluía una afición a los videojuegos que sin embargo parece haber desaparecido en esta generalización del prototipo de las generaciones X e Y.

Los videojuegos siguen siendo cosa de niños. Los adultos no pierden su tiempo con este tipo de hobbies. Se dedican a cosas constructivas: a la lectura, la música, el cine; la cultura tal y como la conocemos.

¿Seguro?

Porque casi todas las parodias que se hacen sobre Facebook incluyen al menos un chiste sobre invitaciones a Farmville. Y según esta noticia de la semana pasada, el 40% de los usuarios de Facebook están en esta red sólo para jugar. ¡Sorpresa!

(via Alfredo Vela)

Los juegos no sólo son un entretenimiento. Cada vez más, este tipo de interfaces se utilizan como complemento en programas de formación. Entidades tan serias como el Banco de España se han lanzado a incluir juegos en su aula virtual, sobre temáticas tan áridas como medios de pago o estabilidad financiera.

Sin embargo, seguimos siendo reacios a reconocer la importancia de estas plataformas tanto en nuestros hábitos de ocio como en otros aspectos. Por ejemplo, el advergaming. Por supuesto, tiene sus reglas (como cualquier otro medio) y no es adecuado para todas las marcas, pero es perfecto para según qué productos y según qué targets. Por ejemplo, la película Rango realizó una campaña en Frontierville durante las semanas anteriores al estreno, consistente en que los jugadores obtenían puntos y objetos especiales por ver el trailer y encontrar al personaje de la película. Quizá parezca una campaña muy simple y poco notoria. Pero Cityville, el lanzamiento más reciente de Zynga, tiene casi 90 millones de usuarios activos al mes. Es un público muy difícilmente desdeñable, qué quieren que les diga. Y que pasen semanas localizando a tu protagonista en su ciudad virtual no es mala forma de que se acuerden de él.

Si realmente creemos que es fundamental estar en Facebook y vivir la red; si estamos de acuerdo en que tanto en redes sociales como en cualquier otro medio el usuario es el que manda, el que marca el tono de nuestro mensaje; entonces me parece un error dar la espalda a los juegos sociales considerando que son cosa de críos.

Afortunadamente, la mitad de los contactos del sector que tengo en Facebook están en estos juegos (como usuarios inactivos, la mayoría, es decir: por curiosidad y no por hobby, lo que dice mucho a su favor). Lo que no sé es a qué espera la otra mitad. Anda, sed buenos y ayudadme a construir mis fábricas. Yo, lo confieso, tengo un interés no sólo profesional. Quizá soy una adultescente, a estas alturas.

jueves, 21 de abril de 2011

Dignidad profesional y profesiones de moda: el caso Turismo Madrid

El martes se publicó una oferta de trabajo peculiar. "Madrid busca community manager": se abría el proceso de selección de un nuevo community manager para el portal de ocio y turismo de la Comunidad de Madrid. Mediante un concurso. Hasta aquí, todo bien.

El problema eran las fases del concurso, que ya no pueden verse en la web de Turismo Madrid, pero sí han quedado fijadas en las ediciones digitales de los periódicos (Google, divino tesoro):

  1. Presentar una candidatura en la web de Turismo Madrid y conseguir el máximo número de votos de personas registradas en la web.
  2. Darse de alta en la página de Facebook de Turismo Madrid y crear una promoción en esta.
  3. Un jurado elegiría entre los mejores candidatos de las fases anteriores a tres, que tendrían acceso a una entrevista de trabajo.
  4. El "ganador" sería el dinamizador en social media de Turismo Madrid hasta final de año.

Las reacciones a la campaña no se hicieron esperar, y fueron de tal calibre que a las 20.20 del mismo martes,  en la misma nota en la que se abría la campaña desde la página de Facebook de Turismo Madrid, rectificaban:


  • Turismo Madrid Nos equivocamos: Lección aprendida. Replantearemos el proceso de selección. Disculpas a todos.
    El Martes a las 20:20 ·  6 personas

Como siempre, entre las reacciones hay de todo: desde personas particularmente molestas que creen que semejantes acciones son causa de la falta de dignidad en la profesión, hasta quienes piensan que la capacidad para convertir el proceso de selección en una campaña de social media en sí misma es un caso de estudio.

Me ha recordado un poco a la polémica desatada por aquella campaña de Fanta sobre profesiones del futuro (surfero, DJ y CM). Como en aquel caso, mi opinión va más bien hacia los términos medios (en aquel caso muy bien definidos para mi gusto en este post de Carlos Zamarriego en MarketingAdBlog). Podría resumirla en los siguientes puntos:

  • Sí creo que en términos de notoriedad, involucrar a tanta gente en un proceso de selección no tiene por qué ser mala estrategia, considerando que se trata precisamente de un servicio de comunicación pública. 
  • El hecho de que soliciten muestras de tu trabajo para hacerte una entrevista quiere decir que realmente están interesados en conseguir resultados. La pregunta es: ¿qué tipo de resultados? ¿Tener más amigos en Internet te convierte en mejor community manager? Evidentemente, la respuesta es no. ¿Por qué no pasar directamente a la fase en la que se crea una campaña y se ahorran el concurso de popularidad?
  • Buena parte de la polémica proviene de los requisitos que se le piden al candidato: ninguno. En la nota de su página de Facebook, sólo dicen: "Te buscamos. Tú vas a ser nuestro próximo Community Manager. Porque te encanta Madrid y porque estás en todas las redes sociales. Te conocen y les conoces. Así que eres tú la persona que buscamos para dirigir nuestro proyecto de dinamización en Redes hasta final de año. Para hacerte con el puesto sólo tendrás que demostrarnos que te sabes mover." Saberse mover no es la única habilidad que requiere un community, como ya hemos comentado; y este tipo de ofertas son peligrosas porque insisten en que "esto lo hace cualquiera", lo que a la larga es muy perjudicial para el sector. También es cierto que podríamos estar peor: me remito a la noticia del mismo día en Vivir México, titulada: Los ninis capitalinos podrán capacitarse como community managers. Y recomiendo leerla, porque el titular no es lo peor.
  • En unas declaraciones del director del portal, Yuri Fernández, dice que "al tratarse de una profesión que no cuenta todavía con estudios superiores reglados, lo mejor es plantear un reto real para conseguir al mejor candidato". Y si bien es evidente que no existe una formación reglada de community management, creer que no es necesaria una formación específica para ejercer esta profesión ahonda en este ataque a la profesionalización del sector. Como ya comentaba el domingo pasado, la profesión sigue siendo indefinida (por nueva) pero evidentemente requiere ciertas aptitudes y conocimientos propios de aquellos con formación en comunicación: publicidad y relaciones públicas (principalmente, a mi entender), periodismo, especialidades en comunicación corporativa de administración y dirección de empresas... Que no exista formación reglada no quiere decir que no exista formación superior al respecto. Existe una oferta espectacular, y que no esté homologada no la convierte automáticamente en una formación pobre. 
  • No estoy muy a favor de la idea de "concurso" como sustituto del proceso de selección, aunque sólo sea un tema de concepto; y muy especialmente cuando es de esta forma: en la práctica, todos los demandantes del puesto estarán trabajando gratis. Una cosa es presentar una propuesta y otra "hacer una campaña", colocarla en Internet, y conseguir apoyos para esta. Puede ser eficaz, pero no me parece ético. En cualquier caso, suponiendo que la acepte, ¿dónde están las bases? Al menos en El aprendiz explicaban que los concursantes competían por un salario de seis cifras trabajando con Bassat. Aquí lo único que he encontrado sobre las condiciones de trabajo es que el contrato es por seis meses (de junio a diciembre de este año); lo que no me parece el elemento motivador definitivo, precisamente. 
  • Me llama la atención que nadie haya hablado de que es un puesto "casi público". Al fin y al cabo, hablamos de la Comunidad de Madrid. Por supuesto, habrá concedido (posiblemente mediante concurso, lo que da una cierta coherencia a todo el proceso) la gestión del portal a la empresa más apropiada, pero no entiendo cómo es posible que haya sido así cuando ya están en redes y ni siquiera tienen community (Turismo Madrid está en Facebook, Twitter, Delicious, Mashup y Flickr, y tiene un blog además del portal web). Y me llama increíblemente la atención que en un puesto "casi público" el proceso de selección no pida titulación superior o experiencia previa. No es una oposición, claro. Pero un baremo mínimo me parece exigible a todos los proveedores de la Administración Pública
  • La capacidad de reconocer el error, retirar la oferta, y estar dispuesto a replantear el proceso de selección de otra manera me parece una lección de humildad de la que podrían aprender muchas empresas que sí tienen community manager, la verdad. Otra cosa es que si la actitud es perfecta, el fallo pueda haber sido tan garrafal que no sea suficiente... 
En resumidas cuentas, haciendo balance entre aciertos y errores, mi opinión sigue siendo más bien tibia. Habrá que esperar al nuevo proceso de selección para ver cómo se levantan después de este tropiezo.

martes, 19 de abril de 2011

Cementerios digitales

Ayer fue uno de esos días en los que parece que todo el mundo se pone de acuerdo para hablar de lo mismo, y le tocó el turno a la tasa de abandono de las cuentas en redes sociales; no tanto por consenso como por la publicación del Observatorio de redes sociales de Cocktail Analysis (aunque lleva publicado meses, pero en fin, la utilidad es una cosa y la visibilidad otra, como bien sabemos).

En laSexta Noticias, en la SER, en Puro Marketing, la conclusión destacada era la misma: Twitter es un fenómeno de moda, pero lo cierto es que ostenta una de las tasas de abandono más altas del 2.0 (superado por Hi5, que, en fin, y por myspace, que dado el grado de bandas amateur que se disuelven tampoco es raro). En realidad, era mi caso. Mi cuenta original de twitter tiene dos años pero nunca entendí por qué iba a esperar nadie que yo publicase algo. Mi concepto de twitter era el de un agregador de RSS que buscaba teletipos más que noticias, y puesto que no tenía la menor intención de convertirme en Europa Press, siempre pensé que tenía poco que aportar. También es cierto que hace dos años tampoco conocía mucha gente que rondase por aquellos lares y que ya me había aburrido unos cuantos meses en Facebook (a finales de 2007 tenía muy pocos amigos en la red y me limitaba a lanzarles ovejas y a contestar quizzes sobre series de televisión; no había mucho más que hacer) y no le veía el sentido a repetir el proceso.

El caso es que por lógica, aquellos que llevan-llevamos mucho tiempo en redes sociales son-somos por naturaleza early adopters. Personas curiosas para las que la tecnología no es un enemigo o una barrera, sino una herramienta, en muchos casos transparente (como señala Miguel del Fresno al indicar por qué el adjetivo "virtual" cada vez es menos adecuado para tratar a la vida en la red). A eso se suma, además, el auge de las profesiones online y 2.0. Recurro a un artículo durísimo que leí ayer en el blog de Santi García: "El mercado de trabajo se globaliza, ¿y a mí qué?" La presión para mantenerse al día, para ser más innovador que el resto, para destacar sobre la media, termina generando una especie de coleccionismo de cuentas a lo Pokémon. Tenemos nuestra existencia digital diseminada por toda la red, y una parte importante de ella son plataformas, redes, portales, aplicaciones y servicios a los que no sólo no accedemos sino que probablemente ni siquiera recordamos que existen.

Yo misma soy miembro, dejando a un lado los sitios enlazados a la derecha y que sí que uso, de Hi5, de Badoo, de Messenger, de Tuenti, de Formspring y Quora, de Flickr, Fotolog e incluso Photoblog (aunque siempre he sido mediocre como fotógrafa). Intento unificar mis perfiles en about.me y en Soooshial (también un "trending topic" ayer entre bloggers). Consumo contenidos a través de Slideshare, de YouTube, de StumbleUpon (aunque ojo, procrastinadores, porque es una herramienta del demonio). Tengo varios blogs, de los cuales al menos tres están muertos si no oficialmente, en la práctica (porque dejé de preocuparme por el tema, porque se diluyó el colectivo que escribía, porque me aburrí de la plataforma en la que estaba...). Abrí una cuenta en Foursquare antes incluso de cambiar de móvil a un dispositivo que no se colgase con su app. Además, claro está, tengo una carpeta en Favoritos llamada "Vigilar" (suena fatal, ahora que lo pienso) donde se agrupan los nuevos sitios en los que ya, honestamente, me da pereza darme de alta: BundlrTopickr, Blaving, Spoolite, Exilio (que tenía muy mosqueada a mi amiga y compañera @vexerina)...

Tengo la sensación de que cada vez más lo que surgen son aplicaciones para publicar el mismo contenido en todas y cada una de estas cuentas. Oficialmente tenemos una presencia fragmentada, microsegmentada. En la práctica, ni yo ni nadie tiene tiempo material para atender como se debe a semejante número de perfiles (de las redes profesionales, ni hablamos, claro).

Cada vez nos parecemos más a Alicia. Siguiendo al conejo a donde quiera que nos lleve. Obsesionados con estar en todas partes, con no perdernos nada. Con miedo a que lo interesante pase justo después de que nos vayamos, o en esa fiesta a la que no vamos, o en esa reunión a la que nos convocaron como "asistente opcional". Corriendo para abrirnos la cuenta antes que nadie, para luego, inmediatamente, abandonarla porque no hay nada que hacer en ese mundo vacío. Y dejando atrás un sinfín de cadáveres en cementerios digitales que se multiplican por la red. Residuos binarios en el éter.

En realidad, visto con perspectiva, es un hábito tristísimo.