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viernes, 3 de junio de 2011

RSC: la teoría convertida en práctica en el caso XUL

Hace unos años (no muchos, cierto es), cuando estaba acabando la carrera, estaba apasionada con el tema de la responsabilidad corporativa. Por aquel entonces en élogos estábamos empezando con el proyecto de RSC tanto a nivel interno como externo y tuve la suerte de estar en el germen (creo que es una suerte que me está acompañando en mi vida laboral y por la que doy gracias: no paro de aprender cosas) y de poder aprender muchísimo junto al resto de las personas que construimos (y que hoy siguen construyendo) aquello. Me interesó tanto que mi proyecto de fin de carrera se dirigió hacia la implantación de un plan de RSC en PYMES. Confesaré, con distancia, que el proyecto estaba un poco cojo, aunque tenía ideas que posteriormente me han servido al menos para regalar a otra gente metida en la misma aventura.

Ayer me resultó curioso que una de mis nuevas compañeras me preguntase por el tema. Sólo han pasado unos pocos años pero parece que todo lo que estaba por venir llegó (en menor medida de lo que se esperaba, eso sí). La acción social fagocitó la idea de empresa responsable, y sólo una idea bastante más publicitaria que real de ecología le hizo sombra. La dimensión interna de la RSC quedó excluida, mirando desde un rincón a la legislación laboral, que tampoco fue necesariamente a mejor, o reservada para lo que se sigue llamando "una empresa tipo Google".

Supongo que es sobre todo por mi carácter, pero personalmente me parecía mucho más relevante la dimensión interna. Lo que yo entiendo por responsabilidad tiene mucho que ver (aquí llega mi yo-pedante) con una idea kantiana de lo que debería ser la ética. Y eso se demuestra más bien con la gente de tu entorno que con la gente que te saluda desde lejos: más con tus empleados que con tus clientes.

En estos años mi pasión por la RSC ha ido decayendo, en parte por un cierto cinismo que no me ha quedado más remedio que desarrollar como respuesta al cinismo que mostraban, también, el resto de los actores implicados. No señalaré: ya sabéis que no me gusta. Pero busquen "empresas responsables" aleatoriamente y mírenlas de cerca. No creo que haya muchas que salgan bien paradas.

Y sin embargo, en las últimas semanas he encontrado casos reales para volver a creer en la RSC. Mi propia empresa, en la que nos pasamos ayer la tarde analizando la cultura y los valores corporativos y tuve la satisfacción de comprobar que estoy en un entorno que cumple lo que promete: que sabe cómo quiere ser, que ya es así en gran medida, y que está dispuesto a modificar lo necesario para mantener unos valores que no sólo recitamos sino ejemplificamos, todos nosotros, con nuestro comportamiento diario. Y el caso de XUL, que me parece incluso más valioso en tanto que hay que tener mucho más valor para reinventarse que para inventarse a secas.

Después de doce años de experiencia, han concluido que pueden hacerlo mejor. Así que han emprendido un proceso de "Cambio y tuits": "Es un proceso participativo de gestión del cambio en XUL en el que durante una semana vamos a trabajar de forma participativa y abierta todos los miembros de XUL junto a amigos, clientes y colaboradores en la definición de varios aspectos clave de nuestra empresa."

Por una vez, y espero que sea sólo el principio, una empresa que se atreve a hablar de principios activos y de centrarse en las personas, ha decidido poner a sus personas a elegir activamente cómo quieren que sea la empresa que componen. No sólo es original, no sólo es interesante. Es fundamental, es necesario.

Y es inmensamente práctico.

La semana pasada publicaban en El País un artículo titulado "Más felices, más productivos" y, llegados a este punto, no deja de sorprenderme que siga haciendo falta publicar semejantes cosas. Es evidente. ¿Qué vamos a hacer con más ganas, con menos prisas, con más creatividad, que aquello que nos hace felices? [Quizás distraernos. Pero procrastinar es parte integrante del proceso creativo]. Las personas más felices, las que trabajan en grupo, las que tienen margen para cometer errores, son mucho más creativas y obtienen mejores resultados, y más rápido. ¿Una muestra? Si han estado en el proceso de reestructuración de cultura corporativa de alguna empresa sabrán que normalmente lleva meses elegir las prioridades, los valores, los comportamientos, el reflejo que todos estos elementos tendrán sobre la estrategia...

En XUL, en cuatro días "maratonianos", han pedido a sus empleados que trabajen juntos (y junto a otros colectivos clave) para definir cómo quieren a su empresa. Han trabajado todos juntos y uno de los días se han dividido en equipos de trabajo, cada uno de los cuales se ha centrado en un tema o área funcional. Dedicando tiempo a aprender, a descubrir (herramientas, procesos...), a debatir y a reflexionar, han definido:
  • Sus valores corporativos. Que, créanme: funcionan mejor cuando se trata de encontrarlos entre todos que de imponerlos a una plantilla que no encaja con ellos. Así que estoy segura de que XUL cumplirá con las ideas de implicación, responsabilidad, compromiso y creatividad (por la persona que conozco y que ya trabaja allí, no puedo tener la menor duda). Y no soy la única: en la entrada del blog en la que desarrollan la misión, visión y valores, alguien ha dejado el mejor comentario que se puede hacer: "Leer estas lineas es como ver al equipo de Xul, avanti tutta!"
  • Su estrategia de marca. A grandes rasgos, claro: siempre hay tiempo para seguir desarrollando una estrategia. 
  • Su estrategia de servicios. ¿Por qué las empresas no hacen partícipes a sus empleados de estos procesos de decisión? ¿Y si supieran hacer algo con una gran proyección de mercado pero no tuvieran canales para decirlo? ¿Y si la empresa se obsesiona en realizar un servicio con el equipo equivocado?
  • Toda una serie de conclusiones, en fin, que explican mejor ellos en esta otra entrada de presentación de resultados
En el proceso, han involucrado a personas que no conocían la empresa, y han seguido la maratón por Twitter y Facebook. A clientes, que comentan y hacen preguntas desde la página en Facebook. A los empleados, "tan motivados que han desarrollado un lema". 

Participación. Formación. Diálogo. Si alguien sigue creyendo que todas esas cosas, por intangibles, no son "rentables", quizás es mejor que cambie de planeta. Por su bien. 

viernes, 11 de marzo de 2011

Employer branding: empezar por el principio

Una buena amiga publica en Facebook esta mañana que ha contestado a una candidatura espontánea a su agencia deseando suerte al candidato, y que ahora se siente una persona mejor. No creo que sea una persona mejor (si tiene esas inquietudes, es que mala, mala, no era), pero desde luego que acaba de conseguir que su agencia sea una empresa mejor. Con un mail.

Como demandante de empleo (otra vez esta horrible expresión; lo siento pero es que lo llaman así. Cuando pongo "persona en situación de desempleo" siento que estoy pateando la ley de economía del lenguaje; ya me cuesta no poner desempleada a secas, pero es que me parece poco realista) empiezo a estar bastante sorprendida de lo que se cuece en el mundo de las ofertas de trabajo.

Realidades innegables: hay una cantidad preocupante de personas en la misma situación que yo, trabajo (o aspiro a volver a trabajar) en un sector muy atractivo tanto por el boom que ha experimentado la oferta de trabajos relacionados con el marketing 2.0 como por las funciones que implica formar parte de él, y cada vez hay más canales que permiten hacer networking y dar a conocer a la gente todo lo que puedes hacer por ellos.

Realidades discutibles: una estrategia de personal branding es necesaria para cualquier puesto de trabajo (yo quiero dedicarme al marketing; mal empezamos si no sé venderme yo; pero, ¿un especialista en RRHH, finanzas, logística, por qué debe saber venderse para ser bueno? ¿Buscas las mismas cualidades en tu director financiero que en tu fuerza de ventas?); no hace falta mantener los sueldos que se pagaban en el sector hace tres o cuatro años (cuando yo estaba en la parte inferior de la banda salarial cobrando más de lo que he visto ofrecer ahora en meses); podemos hacer a la gente contratos de prácticas/formación/obra y servicio y exigirles compromisos porque saben que la competencia es feroz; si el candidato quiere que le contrate, que haga algo por encima de la media, que me persiga, que me ataque por varias vías.

Creo que se nos ha ido un poco de las manos, honestamente.

Mi "trabajo" como demandante de empleo es mantenerme activa. Buscar nuevos contactos. Conseguir escaparates donde pueda explicarle a todo el mundo que no sólo soy buena, sino que puedo hacer lo que ellos necesiten. Enterarme de dónde están esas ofertas que no se publicitan, ese 70% de mercado oculto de empleo que calculaba @zumodeempleo en su ponencia sobre errores en la búsqueda de empleo de la última Pink Slip Party el pasado lunes. Investigar las empresas a las que estoy intentando pertenecer: qué tipo de clientes llevan, dónde pueden tener debilidades (puesto que yo me dedico a la comunicación, es relativamente visible desde fuera) y sugerir formas de reforzarse. Enviarles un CV atractivo, adecuado a sus necesidades, bien enfocado, trabajado y todo lo personalizado posible, aunque eso implique volver a inscribirme en un proceso de selección fuera del portal de empleo de turno a través de un e-mail corporativo, o de una solicitud de contacto en LinkedIn. De acuerdo.

Pero su trabajo, como responsables de RRHH, es evaluar mi potencial como candidata. Para ello tienen que valorar qué dice de mí cómo he hecho cada uno de los pasos anteriores. Leerse mi CV (que sólo es página y media, hombre...), porque ningún CV debería ser basura digan lo que digan algunas campañas publicitarias: alguien ha puesto en él todo su esfuerzo y mucha ilusión.

Y, vamos a lo que me parece realmente peligroso. Alguien que busca un experto en SMO, un bloguero, un community manager; alguien que publica una oferta pidiendo a los candidatos que sean activos en redes sociales, que tengan influencia, que cuenten con un blog propio, con una serie de followers de calidad, que participen activamente en las comunidades de expertos de las redes sociales profesionales... ¿Cómo se permite el lujo-error estratégico-riesgo incalculable de faltarles al respeto?

No soy la persona que más CV echa al día en este país, y reconozco que aún soy bastante selectiva porque también creo que "la vida es muy corta para tener el trabajo equivocado", pero me sorprende la falta de educación que muestran algunas empresas. Cada vez que recibo un e-mail de Infojobs preguntándome mi opinión sobre el proceso de selección en el que estoy para la empresa X, que, por supuesto, no se ha puesto en contacto conmigo en el mes y medio que hace que aparezco como "En proceso", me dan ganas de ser tremendamente sincera. Y de ponerlo, no sólo en Infojobs. En todas partes. Para que lo vean mi lista (pequeña, pero selecta y creciente) de followers, mis más de 600 contactos en Facebook, todos los participantes de los grupos de búsqueda activa de empleo y Social Media de LinkedIn, y, por supuesto, el todopoderoso Google, que no se pierde una.

¿Cómo se te ocurre descuidar tu reputación de esa manera frente a los candidatos? No me considero una líder de opinión, ni mucho menos; pero estoy cerca de algunos de ellos. E incluso aunque no lo estuviera, ¿qué crees que va a pasar si acabo en un anunciante y tengo que contratar los servicios de una agencia? ¿No crees que recordaré cómo tratáis a la gente en la tuya?

La imagen de marca se construye desde dentro hacia fuera. Los empleados son los embajadores de la marca, al fin y al cabo. Y los equipos de RRHH tienen que ser conscientes de la imagen que transmiten en sus actuaciones. De cómo contratan, gestionan y despiden a la gente.

Como no tengo ganas de señalar con el dedo, lo haré al revés. He tenido dos gratas experiencias en este sentido: en DNOiSE y en Abante Asesores. Ambos han respondido a mis candidaturas (una a través del buzón genérico de RRHH, otra a través de su formulario web; en ambos casos sé que tienen procesos abiertos para gente con mi perfil). Y ojo, que sólo hablo de e-mails automáticos. Pero en ambos me han agradecido querer formar parte de su equipo (¡y es que una candidatura espontánea es un halago!), me han explicado qué están buscando, qué pasos van a seguir con respecto a mi CV, y me han garantizado que atenderán mi mensaje. En el caso de Abantes, incluso, que se pondrán en contacto conmigo tanto si encajo como si no.

Así es como se construye marca. En todas las acciones de la empresa. No puedes querer una página de Facebook y un perfil de LinkedIn para hablar de tú a tú con tu público si ni siquiera respondes los e-mails de los candidatos.

¿Empezamos por el principio?